Los
insectos no transmiten la hepatitis C
El
estudio a seguir, realizado por el departamento de medicina del Hospital
Willian Beaumont, de Michigan, Estados Unidos, demostró que
la hepatitis C no es transmitida por insectos.
Fueron usadas pulgas alimentadas con sangre contaminada con las hepatitis
B y C.
Posteriormente por técnicas
moleculares de PCR fue medida la cantidad de virus en la saliva y
heces de estos insectos.
Solamente el virus de la hepatitis
B fue encontrado en baja concentración. En ninguna prueba fue
encontrado el virus de la hepatitis C.
Esto confirma que los insectos
no transmiten la hepatitis C.
Carlos Varaldo
Brasil
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La Cucaracha Más
Grande
19 de Noviembre
de 2001.
Geólogos
de la Ohio State University han encontrado el fósil completo
más grande de una cucaracha registrado hasta la fecha. Vivió
unos 55 millones de años antes de los primeros dinosaurios.
El
citado fósil, junto a cientos de otros pertenecientes a plantas
y animales, proceden de una mina de carbón de Ohio. Todos ellos
ayudarán a los científicos a entender mejor la diversidad
de la vida antigua y cómo ha cambiado el clima a lo largo de
la historia.
La
cucaracha encontrada (ver imagen) vivió hace 300 millones de
años, durante el período llamado por los geólogos
"Carbonífero". Según Cary Easterday, en esa
época Ohio era un pantano tropical gigante, aunque un lugar
en cierta manera especial.
Normalmente
se puede esperar encontrar fósiles de conchas y huesos, porque
éstos tienen minerales que incrementan las posibilidades de
conservación. Pero en este lugar había algo inusual
en la química del paisaje que ayudó a preservar con
increíble detalle organismos sin huesos ni conchas.
El
detalle es bien visible en el fósil de la cucaracha, de unos
9 centímetros de largo, que muestra finos signos de las venas
que recorrían las alas del insecto, así como los suaves
bultos que las cubrían. Son evidentes también las patas
y las antenas, como partes de la boca.
La
mina de carbón llamó la atención de los científicos
debido a las plantas que se habían preservado en ella, incluida
la conífera más antigua conocida en la región
de los Apalaches.
El
fósil de la cucaracha fue recuperado en 1999, junto a otros
de parecido valor. El yacimiento es conocido desde 1979, cuando fue
descubierto por Gregory McComas, un coleccionista de fósiles.
La
cucaracha fósil es bastante parecida a las modernas que viven
en los trópicos, y aunque ésta es el doble de grande
que la mayor parte de las americanas, se conocen algunas que pueden
crecer hasta los 10 cm o más.
Información adicional en:
·
· Ohio State University
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Insectos
destruyen miles de hectáreas de pinos en Honduras
19 de Octubre, 2001
El
gobierno anunció que en 15 meses ha talado más de 6.000
hectáreas de coníferas para combatir una plaga de insectos
que destruye los bosques en cuatro de los 18 departamentos del país.
El insecto ha afectado los extensos bosques de pinos de Francisco
Morazán y Comayagua, al centro, y El Paraíso y Olancho,
al este del país.La legislatura anunció este viernes
que estudia una ley para eliminar el denominado gorgojo mexicano del
pino en los bosques infestados de carácter privado, ejidal
o nacional.La iniciativa permitiría a la estatal Corporación
de Desarrollo Forestal (COHDEFOR) cobrar por sus operaciones de control
de plagas el 25% del valor por metro cúbico en áreas
privadas infestadas.``Los daños causados por el gorgojo son
considerables y no se pueden cuantificar aún... y el insecto
representa un grave peligro para la floresta nacional´´,
dijo Vicente Espino, jefe del Programa de Manejo de Plagas y Enfermedades
de COHDEFOR.``No existe otra opción, sólo cortando los
árboles se puede salvar el bosque´´, añadió.Según
Espino, la destrucción es ``la única forma de evitar
la propagación de la plaga porque el gorgojo resiste la mayoría
de los productos químicos existentes, que matan sólo
a otras especies del bosque´´.Explicó que el más
apetecible por el gorgojo es el pino joven, que cubre 1,2 millón
de hectáreas del territorio nacional, de 112.493 kilómetros
cuadrados.En Honduras todas las especies de pino son susceptibles
a la enfermedad, pero la más afectada es el pinus oocarpa,
conocido aquí como ocote. Esa variedad es usada como leña
por los campesinos hondureños.El pino contaminado debe cortarse
de inmediato para impedir que la plaga se propague.Las autoridades
han detectado unos 200 brotes del gorgojo en los bosques del país.Honduras
tiene 5,9 millones de hectáreas de bosques, equivalente al
53,2% del total del territorio nacional. Es el país con mayor
extensión boscosa en Centroamérica.
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LOS
INSECTOS: FUENTE ALTERNATIVA DE PROTEINAS
En
la Conferencia Mundial sobre Alimentos que tuvo como sede a Roma en
noviembre de 1974, al declarar que "la mayor hambruna de la historia
comenzó ya", el economista agrícola René
Dumont señaló el punto clave del destino inmediato del
llamado Tercer Mundo, puesto que los países menos desarrollados
padecerán esta crisis con más severidad que los demás.
En dichos países el creciente espectro del hambre y el penetrante
avance de la mala nutrición resaltan con mayores dimensiones.
Centenares de miles han muerto de hambre y muchos más morirán
en los años venideros. Un organismo oficial afirmó que
esta cifra oscilará entre 50 y 100 millones de habitantes del
mundo antes de que se promuevan medidas efectivas para solucionar
el problema.
Más de 100 millones de latinoamericanos padecen hambre o desnutrición,
en tanto que en Africa y Asia las cifras son aún más
elevadas. No es aventurado, pues, asegurar que, de no adoptar medidas
nuevas, cambiar la actitud de la gente y modificar nuestras metas,
esta situación puede llegar a tener proporciones catastróficas.
En primer término se impone la necesidad de encontrar nuevas
fuentes de proteínas para complementar los recursos agropecuarios
clásicos y así satisfacer las necesidades de una población
mundial en constante aumento. No hay que olvidar que la producción
de alimentos no avanza al mismo ritmo que el crecimiento demográfico.
Es fácil comprender que los insectos pueden contribuir significativamente
a conjurar la carestía actual. De ahí que no solo sea
importante analizar el porcentaje de proteínas que tienen sino
que resulte fundamental saber cuáles son los aminoácidos
que integran estas proteínas.
Los insectos constituyen una ilimitada fuente de proteína animal
que está totalmente desaprovechada y que podrá asegurar
un consumo alimenticio de acuerdo con los requisitos biológicos
para una nutrición aceptable. Esto se podría llevar
a cabo mediante la creación de centros regionales en donde
se efectuaran cultivos masivos de dichos animales dando prioridad
a las zonas que más urgentemente necesitan este alimento adicional.
Los pocos estudios realizados acerca de la cantidad de proteínas
y vitaminas que contienen los insectos, demuestran que poseen una
gran riqueza proteínica de alto valor nutritivo y que, aprovechados
en forma sistemática, constituyen una confiable fuente de alimentación
ya que cumplen con dos características cruciales: ser suficientemente
numerosos y ser aceptablemente comestibles.
Los insectos constituyen un grupo zoológico que ha dominado
la Tierra, en la cual forman colosales masas de materia viva. Constituyen
las cuatro quintas partes del Reino Animal gracias en buena parte
a su gran potencial reproductivo.
Cuando se sabe que son nuestros principales competidores por la comida,
la importancia de los insectos se vuelve obvia. Según algunos
autores, ellos ingieren cerca de la tercera parte de la comida, parte
durante el ciclo de cultivo y parte durante su estado de almacenamiento.
No es de asombrar que el hombre en general vea a los insectos de una
manera negativa, especialmente si se toma en cuenta que son transmisores
de numerosas enfermedades y que en la actualidad representan una seria
amenaza para la humanidad al obligarnos a hacerles la guerra con productos
que están envenenando el ambiente.
Aún así, en muchas partes del mundo, sobre todo en las
regiones en que las condiciones geográficas son adversas, los
insectos se utilizan como fuentes de proteínas para la alimentación
humana. Por ejemplo, en algunas zonas de Oaxaca, México, la
única fuente de proteínas de valor significativo proviene
de las hormigas. Esto ocurre también en otros continentes,
especialmente en países en vías de desarrollo, donde
representan una importante provisión de alimento para los nativos.
Incluso hay lugares en que los insectos secos se almacenan en grandes
cantidades para contar con comida en los tiempos en que ésta
escasea.
Entre los insectos comestibles se puede citar un gran número
de especies. Pero en términos generales es posible incluir,
huevos, larvas y pupas de mariposas, escarabajos, hormigas, abejas,
avispas, moscas, termitas, libélulas, así como también
algunos de sus adultos. Además, es importante mencionar a los
chapulines, chinches, piojos y cigarras que, según afirman
quienes los han comido tienen un sabor agradable.
Otro problema que el cultivo de insectos ayudaría a resolver
es el de la pobreza de vastas zonas, pues proporcionaría a
los habitantes de estas regiones un alimento de alto valor nutritivo
y la posibilidad de tener una comida equilibrada con un nivel mínimo
razonable de alimentación que le permitirá satisfacer
las necesidades nutritivas del cuerpo y lograr una capacidad funcional
mayor. Todo esto se traduciría en un mejoramiento de la salud
física y mental y del bienestar social y la dignidad humana.
Además, influiría considerablemente en el fenómeno
migratorio de las áreas rurales a las urbanas.
Extraído
de: ELORDUY, J. 1987. Los insectos como fuente de proteínas
en el futuro. Edit. Limusa, S.A. México, 2da Ed., 148 p
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09
de marzo de 2001-
Unos científicos han identificado una gran familia de genes
de la mosca de la fruta que está involucrada en el gusto y
el olfato, y han realizado un significativo avance en el estudio de
la lógica molecular que subyace a la percepción del
olor y del gusto.
Al caracterizar una familia de genes que codifican para los receptores
químicos ubicados en la probóscide, las antenas, las
patas y en los órganos quimiosensoriales de las larvas de moscas,
los científicos han llegado a comprender mejor las estrategias
de los animales para detectar productos químicos.
El estudio que caracteriza y que extiende la familia de genes de mosca
para los receptores gustativos, conocidos como genes GR, fue publicado
en el número del 9 de marzo de 2001, de la revista Cell, por
el equipo de investigación conducido por el investigador del
Instituto Médico Howard Hughes (HHMI), Richard
Axel de la Universidad de Columbia.
"La ventaja de trabajar con moscas es que el sistema es mucho
más simple y la mosca expresa menos receptores", dijo
Axel. "Debido a que también hay muchas menos neuronas,
anticipamos que el procesamiento de órdenes superiores también
será más simple. Por último, la facilidad de
realizar estudios genéticos en moscas y su relativamente simple
repertorio de comportamientos, posibilitaría relacionar el
reconocimiento de señales quimiosensoriales con comportamientos
específicos".
En su último trabajo, Axel y Kristin Scott, en Columbia, quienes
trabajaron en colaboración con el investigador del HHMI
Charles Zuker en la Universidad de California, en San Diego, se
basaron en los estudios anteriores de los investigadores Peter Clyne
y John Carlson, de la Universidad de Yale, quienes identificaron una
familia de genes GR que codifica para posibles receptores gustativos
en Drosophila. Al expandir los estudios de los científicos
de Yale, Axel y Scott utilizaron una técnica llamada hibridación
in situ, así como también experimentos genéticos,
para determinar dónde se expresaban los genes del receptor.
"Clyne había sugerido que esta nueva familia de genes
codificaba para receptores gustativos", dijo Axel. "Cuando
examinamos los patrones de expresión de cada miembro de la
familia del gen, encontramos que, en efecto, varios miembros de la
familia del gen son expresados en órganos gustativos de la
mosca-ya sea en la probóscide, que es el equivalente de la
lengua en la mosca, o en órganos gustativos de función
desconocida-".
Axel y sus colegas también identificaron a otros miembros de
la familia GR, agregando 23 miembros nuevos y extendiendo la familia
del gen a 56 miembros. También compararon las proteínas
codificadas por estos genes de la familia GR, y encontraron que compartían
poca semejanza en las secuencias, a excepción de una secuencia
corta en uno de los extremos, que se conserva entre los miembros de
la familia. Esta secuencia característica se asemeja a una
secuencia similar encontrada en una familia de genes de receptores
odoríferos (DOR, por sus siglas en inglés) de Drosophila,
indicando que las dos familias comparten un antepasado evolutivo común.
Al estudiar cómo se expresaban los genes GR en larvas de mosca,
los científicos encontraron que la mayoría de los genes
sólo se expresaban en neuronas. Estudios de la expresión
génica de GR también revelaron que los genes fueron
expresados en estructuras tales como antenas, lo que sugirió
que los receptores GR también desempeñaban una función
en el olfato.
Según Axel, los estudios en Drosophila llevan a una comprensión
más amplia de la percepción olfativa y gustativa. "Hay
una conservación notable entre la lógica olfativa de
insectos y mamíferos, tanto que creemos que los principios
básicos de discriminación olfativa se han conservado
por más de 500 millones de años", dijo. "La
implicancia de esto es que los insectos desarrollaron una solución
eficaz para un problema excesivamente complejo-el problema del reconocimiento
de un olor en medio de un conjunto de decenas de miles de olores distintos-
y que esta solución se ha mantenido a lo largo de la evolución".
Esta solución involucra la producción de una multiplicidad
de receptores odoríferos o gustativos que se "adaptan"
a un solo químico, dijo Axel. Sin embargo, cada neurona expresa
solamente un tipo de receptor y cada neurona especializada se conecta
con un lugar espacialmente fijado en la estación sensorial
de paso en el cerebro, llamada glomérulo olfatorio.
"La complicación conceptual que emerge de tal modelo es
el problema de cómo leer el mapa", dijo Axel. "¿Cómo
hace un conjunto específico de glomérulos olfatorios
activados para codificar para un olor específico, de forma
tal que el olor pueda producir un comportamiento específico
y que, además, ese olor se pueda aprender y asociar a otros
estímulos sensoriales?"
La comprensión del olfato y del gusto en Drosophila podría
generar métodos que sean más eficaces para proteger
a plantas cultivadas y a seres humanos de los insectos, dijo Axel.
"Los insectos utilizan el olfato y el gusto para encontrar fuentes
de alimento, y en el caso de insectos como los mosquitos, para encontrar
a huéspedes humanos", dijo. "De esta manera, uno
se podría imaginar a largo plazo, la creación de productos
químicos que podrían alejar a los insectos de sus fuentes
alimenticias agrícolas, sin el uso de pesticidas; o la mejora
en la calidad de los repelentes para insectos que utilizan los humanos.
O se podría desarrollar un antagonista que evite que se alimenten
de plantas cultivadas".
March 5, 1999- The discovery of odor-detecting
receptors in the fruit fly Drosophila may help scientists better understand
how insects-and eventually other animals-process olfactory information
and how odors influence insect behavior.
The group, led by HHMI investigator Richard
Axel at Columbia University, reported its findings in the March
5, 1999, issue of the journal Cell. Last week, an independent research
team from Yale University published similar findings in the journal
Neuron.
Researchers had identified odor receptors in mammals years ago, so
one might ask, Why bother to search for similar sensors in fruit flies?
Axel's group and others had good reason-fruit fly genes are easy to
manipulate, and Drosophila is an ideal model for studying the function
of genes. Moreover, Drosophila's sophisticated scent-sniffing organs
and large repertoire of recognized aromas make it well suited for
studies of neural pathways of odor recognition.
Fruit flies gather information about their surroundings and social
interactions from scents, and research has shown that odors exert
a strong influence on fruit fly behavior. Certain odors, for example,
play a crucial role in fruit fly mating behavior. By studying how
fruit flies process olfactory cues and subsequently translate those
cues into behavioral responses, Axel's group hopes to gain a better
grasp on the neural circuitry involved in these complex activities.
To find Drosophila's odor receptors, Axel's team combined molecular
biology and genomics. First, the researchers probed for genes expressed
exclusively in the fly's olfactory organs, the antennae and a baton-shaped
bulge on the head called the maxillary palp. The scientists narrowed
their search to a small subset of genes. Further testing showed that
a gene called dor104 is active only in the sensory nerve cells of
the olfactory organs, implicating it in odor detection.
Once they had dor104, the researchers compared its sequence to those
in a database containing all of the Drosophila genome sequenced to
date-some 15 percent of Drosophila's total genome. Using a sophisticated
sequence-matching algorithm, this search identified 11 related genes
that encode Drosophila odor receptors.
"Our success was in large part dependent on the large amount
of Drosophila sequence that was available from researchers at the
University of California at Berkeley," Axel says. He adds, though,
that the 12 genes discovered so far are "only a small part of
a larger puzzle." Since the known genes were gleaned from a search
of only 10 percent of the Drosophila genome, Axel reasons that 100-200
genes are probably involved in odor recognition.
Now that they've found the odorant receptor genes in Drosophila, Axel's
group plans to use them to study how odors influence behavior. "We're
ultimately after a mechanistic link between specific odors and specific
behaviors," Axel says. By identifying the receptors activated
by odors that induce mating behavior, for example, the researchers
may be able to map the neural circuitry of this behavior.
The findings may have more practical applications. One obvious application,
Axel says, is the development of new insecticides. By pinning down
the scents involved in the mating behavior of crop-eating insects,
researchers could then devise ways of blocking the receptors for these
odors, thus halting the insects' reproduction.
For now, Axel's group plans to focus on how neurons respond to odors.
"We'd like to know how the Drosophila brain knows which receptors
have been activated by a particular odor," Axel says. "Once
we understand how the brain knows what the antennae are smelling,
we can then ask how that knowledge can explain behavior. Our current
work is merely the first step in this endeavor."
"Hay
una conservación notable entre la lógica olfativa de
insectos y mamíferos, tanto que creemos que los principios
básicos de discriminación olfativa se han conservado
por más de 500 millones de años", dijo el investigador
del HHMI,
Richard Axel.
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